domingo, 14 de junio de 2015



Si le hubiera cortado las alas
habría sido mío,
no habría escapado.
Pero así,
habría dejado de ser pájaro.
Y yo...
yo lo que amaba era un pájaro.

 Mikel Laboa.

sábado, 6 de abril de 2013

Ya no somos los mismos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos". El viento de la noche gira en el cielo y canta. Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Yo la quise, y a veces ella también me quiso. En las noches como ésta la tuve entre mis brazos. La besé tantas veces bajo el cielo infinito. Ella me quiso, a veces yo también la quería. Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella. Y el verso cae al alma como pasto al rocío. Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. La noche está estrellada y ella no está conmigo. Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. Mi alma no se contenta con haberla perdido. Como para acercarla mi mirada la busca. Mi corazón la busca, y ella no está conmigo. La misma noche que hace blanquear los mismos árboles. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. De otro. Será de otro. Como antes de mis besos. Su voz, su cuerpo claro, sus ojos infinitos. Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos, mi alma no se contenta con haberla perdido. 
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa, y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

(Pablo Neruda; Poema XX)

lunes, 25 de marzo de 2013

Where is my mind?

La vida es un hospital donde cada enfermo está poseído por el deseo de cambiar de cama. Este querría padecer junto a la estufa y aquél cree que se curaría frente a la ventana.

A mí me parece que estaría bien allí donde no estoy, y esa idea de mudanza es una de las que discuto sin cesar con mi alma.

«Dime, alma mía, pobre alma enfriada, ¿qué te parecería vivir en Lisboa? Allí hará calor, y te estirarás como un lagarto. La ciudad está a la orilla del agua; dicen que está edificada en mármol, y que tanto odia el pueblo a lo vegetal, que arranca todos los árboles. Ese es un paisaje para tu gusto, un paisaje hecho con luz y con mineral, y lo líquido para reflejarlo.»

Mi alma no contesta.

«Puesto que tanto te gusta el reposo, con el espectáculo del movimiento, ¿quieres venirte a Holanda, tierra beatífica? Tal vez te divirtieras en ese país cuya imagen has admirado tantas veces en los museos. ¿Qué te parecería Rotterdam, a ti que gustas de los bosques de mástiles y de los navíos amarrados al pie de las casas?...»

Mi alma sigue muda.

«¿Te sonreiría tal vez Batavia? Encontraríamos en ella, desde luego, el espíritu de Europa enlazado con la belleza tropical.»

Ni una palabra. ¿Se me habrá muerto el alma?

«¿Conque a tal punto de embotamiento has llegado que sólo en tu mal te recreas? Si así es, huyamos hacia los países que son analogía de la muerte. ¡Ya tengo lo que nos conviene, pobre alma! Haremos los baúles para Borneo. Vámonos aún más allá, al último extremo del Báltico; más lejos aun de la vida, si es posible; instalémonos en el Polo. Allí el sol no roza más que oblicuamente la tierra, y las lentas alternativas de la luz y la obscuridad suprimen la variación y aumentan la monotonía, que es la mitad de la nada. Allí podremos tomar largos baños de tinieblas, en tanto que, para divertirnos, las auroras boreales nos envíen de tiempo en tiempo sus haces sonrosados, como reflejos de un fuego artificial del infierno.»

Al cabo, mi alma hace explosión, y sabiamente me grita: «¡A cualquier parte! ¡A cualquier parte! ¡Con tal que sea fuera de este mundo!»

El spleen de ParísCharles Baudelaire

martes, 19 de marzo de 2013

Veo a un chaval creído y cagado de miedo.


¿Sabes qué se me ocurrió? Que eres un crío, y que en realidad no tienes ni idea de lo que hablas. Es normal, nunca has salido de Boston. Si te pregunto algo sobre arte, me responderás con datos de todos los libros que se han escrito. Miguel Ángel, lo sabes todo: vida y obra, aspiraciones políticas, su amistad con el Papa, su orientación sexual... lo que haga falta, ¿no?. Pero tú no puedes decirme cómo huele la Capilla Sixtina. Nunca has estado allí y has contemplado ese hermoso techo. No lo has visto. Si te pregunto por las mujeres, supongo que me darás una lista de tus favoritas. Puede que hayas echado unos cuantos polvos... pero no puedes decirme qué se siente cuando te despiertas junto a una mujer y te invade la felicidad. Eres duro. Si te pregunto por la guerra, probablemente citarás algo de Shakespeare: "De nuevo en la brecha amigos míos". Pero no has estado en ninguna. Nunca has sostenido a tu mejor amigo entre tus brazos esperando ayuda mientras exhala su último suspiro. Si te pregunto por el amor, me citarás un soneto. Pero nunca has mirado a una mujer y te has sentido vulnerable. Ni te has visto reflejado en sus ojos. No has pensado que Dios ha puesto un ángel en la Tierra para ti, para que te rescate de los pozos del infierno, ni que se siente al ser su ángel. Al darle tu amor, darlo para siempre. Y pasar por todo, por el cáncer. No sabes lo que es dormir en un hospital durante dos meses, cogiendo su mano, porque los médicos vieron en tus ojos que el término horario de visitas no iba contigo. No sabes lo que significa perder a alguien. Porque sólo lo sabrás cuando ames a alguien más que a ti mismo. Dudo que te hayas atrevido a amar de ese modo. Te miro y no veo a un hombre inteligente y confiado. Veo a un chaval creído y cagado de miedo. Eres un genio Will, eso nadie lo niega. Nadie puede comprender lo que pasa en tu interior. En cambio, presumes de saberlo todo de mí porque viste un cuadro que pinté y rajaste mi puta vida de arriba a abajo. Eres huérfano, ¿verdad?. ¿Crees que sé lo dura y penosa que ha sido tu vida, cómo te sientes, quién eres, porque he leído Oliver Twist?, ¿un libro basta para definirte?. Personalmente, eso me importa una mierda porque, ¿sabes qué?, no puedo aprender nada de ti, ni leer nada de ti en un maldito libro. Pero si quieres hablar de ti, de quién eres... estaré fascinado. A eso me apunto. Pero no quieres hacerlo, tienes miedo, te aterroriza decir lo que sientes. Tú mueves chaval.

El indomable Will Hunting.

jueves, 7 de marzo de 2013

¡Oh My Darling Clementine!

- Muchos hombres creen que soy un concepto, o que quizás les complemento, o que voy a darles vida. Solo soy una mujer jodida que busca su propia paz de espíritu, no me asignes la tuya...
- Recuerdo muy bien ese discurso.
-Te tenía clichado, ¿eh?
- Tenías clichada a la raza humana. Seguía creyendo que me salvarías la vida... incluso después de eso.
- Lo sé.
- Sería diferente si pudiéramos empezar de nuevo...
- Recuérdame. Inténtalo de verdad... y quizás podamos...


- ¡Espera!
- ¿Qué?
- ¡No lo sé! Sólo espera.
- Qué quieres, ¿Joel?
- Sólo espera. ¡No lo sé! Quiero que esperes. Sólo... un rato.
- Vale.
- ¿En serio?
- No soy un concepto, Joel. Solo soy una mujer jodida que busca su propia paz de espíritu. No soy perfecta.
- No veo nada que no me guste de ti.
- Pero lo harás... No sé, ya se te ocurrirán cosas. Y yo me aburriré de ti y me sentiré atrapada porque eso es lo que me suele pasar.
- Vale
- Vale...
- Vale...

miércoles, 6 de marzo de 2013

Me sobran los motivos.

Este "adiós" no maquilla un "hasta luego".
Este "nunca" no esconde un "ojalá".
Estas cenizas no juegan con fuego.
Este ciego no mira para atrás.
Este notario firma lo que escribo.
Esta letra no la protestaré.
Ahórrate el acuse de recibo,
estas vísperas son las de después.
A este ruido tan huérfano de padre
no voy a permitirle que taladre
a un corazón podrido de latir.
Este pez ya no muere por tu boca.
Este loco se va con otra loca.
Estos ojos no lloran más por ti.


Joaquín Sabina.

domingo, 3 de marzo de 2013

Lo peor del amor.


Lo peor del amor cuando termina
son las habitaciones ventiladas,
el puré de reproches con sardinas,
las golondrinas muertas en la almohada.

Lo malo del después son los despojos
que embalsaman al humo de los sueños,
los teléfonos que hablan con los ojos,
el sístole sin diástole sin dueño.

Lo más ingrato es encalar la casa,
remendar las virtudes veniales,
condenar a la hoquera los archivos.

Lo peor del amor es cuando pasa,
cuando al punto final de los finales
no le quedan dos puntos suspensivos…

-Joaquín Sabina-

domingo, 24 de febrero de 2013

Lo que no seremos nunca más.

Correr bajo la lluvia. Madrugadas de películas y besos. Pies envueltos en arena de playa. Besos a la orilla de un río. Paseos por los trigales. Pasar la mano por la pared de tu casa a oscuras para encontrar tu habitación. Sembrar los lugares de nuevos recuerdos. Copos de nieve sobre un paraguas para dos. Apagar la luz y escucharte respirar y el latido de tu corazón. Risas contagiosas y risas contagiadas. Música a todo volumen dentro de un coche sin destino fijado. Conciertos de rock and roll. Canciones de Fito y fitipaldis. La primera sonrisa al salir de clase. El primer beso al salir del trabajo. Sorpresas. Respiraciones desacompasadas. Sexo clandestino. Canciones de Queen. Caricias en el pelo. Cuerpos al tumbados al sol. Planes de futuro. Bailes desacompasados topados con besos y risas en bares de mala muerte. Sentirnos completos. Sentirnos complementarios. Bailes a oscuras en el salón de mi casa. Conducir sin rumbo y cantar a dúo. Lujuria. Arañazos en la espalda. Mensajes para desearnos buenos días. Taparte los ojos y recorrerte, descubrirte. Llamadas de madrugada. Sorpresas escondidas por tu habitación. Lágrimas consoladas en tu hombros, lágrimas secadas por tus dedos. Mancharte las camisetas de rimmel. Impuntualidad. Volver a casa a las tantas de la madrugada agarrada a tu cintura. Tardes de cine. Rescátame. Las manos frías buscando calor. Poemas escritos con boli bic. Viajes en avión. Cambiarte el asiento para que puedas mirar por la ventanilla. Secretos. Faltar a clase para poder acostarnos en tu cama sin que nadie nos moleste. Ya queda menos para vernos. Recorrer tu cuerpo palmo a palmo y memorizarlo para poder recordarlo por las noches. Suéltate el pelo, que me gustas más. Deséame suerte. Ya casi puedo tocarte, espérame. Amanecer a tu lado. Confidencias. Llévame a donde quieras, pero que sea un sitio bonito, vamos a crear bellos recuerdos. Saltar al vacío. Descubrir lo inexplorado de mis sentimientos, y de los tuyos. Vivir todas las primeras veces posibles juntos. El aire frío del invierno en nuestras caras. Sentir que no hay más fin en mi vida que completar la tuya. Echarte de menos cada día de mi vida que no he estado a tu lado.

Eso es todo lo que somos.

Es todo lo que hemos sido.

Y es todo lo que no seremos nunca más.


domingo, 17 de febrero de 2013

Ojalá.

Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan
para que no las puedas convertir en cristal.
Ojalá que la lluvia deje de ser milagro que baja por tu cuerpo.
Ojalá que la luna pueda salir sin ti.
Ojalá que la tierra no te bese los pasos.

Ojalá se te acabe la mirada constante,
la palabra precisa, la sonrisa perfecta.
Ojalá pase algo que te borre de pronto:
una luz cegadora, un disparo de nieve,
ojalá por lo menos que me lleve la muerte,
para no verte tanto, para no verte siempre
en todos los segundos, en todas las visiones:
ojalá que no pueda tocarte ni en canciones.


Ojalá que la aurora no dé gritos que caigan en mi espalda.
Ojalá que tu nombre se le olvide a esa voz.
Ojalá las paredes no retengan tu ruido de camino cansado.
Ojalá que el deseo se vaya tras de ti,
a tu viejo gobierno de difuntos y flores.

(Silvio Rodríguez)